
es una playa panorámica. Tiene una parte muy familiar y otra naturista. Para llegar a esta última, hay que conducir hasta el chiringuito último,

, donde además podemos tomar pescado fresco o tortillitas de camarones. Dejamos el Ford KUGA al cuidado de un guarda, al que hay que dar una propina. Caminando unos veinte minutos, dirección Punta Paloma, encontramos unas alucinantes piscinas naturales donde, además podemos hacer un tratamiento de barro con propiedades exfoliantes y nutritivas para la piel y el pelo. Es un secreto a gritos sólo para quienes se aventuran en esta playa. A la vuelta, un mojito en La Cabaña. En este chiringo se reúnen los más enterados al caer la tarde. El dueño pasa seis meses al año en España y los otros seis en su chiringuito homónimo en Brasil, siguiendo el calorcito, y es un auténtico profesional de las fiestas improvisadas. Si quieres pasar la noche en Bolonia, puedes cenar un pescado fresco en

(¡ojo!, no es barato). No hay parking privado.